LA ÚLTIMA MIRADA DE UN AMIGO

27 de Dic del 2018

Categoria: Artículo

LA ÚLTIMA MIRADA DE UN AMIGO

Kim llego a casa, incapaz de hablar. Su madre podía decir que estaba en estado de choque y se sentó a su lado, apaciguándolo y tratando de averiguar lo que había pasado. Al final, el comenzó a contarle.

Hoy estaba con uno de mis mejores amigos y lo acusé de ser cristiano. Uno de los militares lo golpeaba contra el suelo mientras el otro sacó su pistola. Mi amigo no se enojó ni maldijo a nadie. Él…él ni siquiera trato de defenderse.

Incluso cuando el arma le estaba apuntado directamente, su rostro permaneció tranquilo. Me miraba directo a los ojos y, sin decir una palabra, supe con exactitud lo que estaba diciendo. Deseaba que creyera lo mismo que él. Y solo entonces dijo: “Bendícelos”.

Lo ejecutaron delante de mí…porque era cristiano. Ni siquiera sé lo que es un cristiano. No comprendo nada de esto.

La madre de Kim lo sostuvo la cabeza en sus manos. Había lágrimas en sus ojos. Ahora era ella la que  estaba en estado de choque. Luego solo le dijo:

Comprendo.

¿Cómo es posible que comprendas por qué podrían matar a mi amigo?

Poco a poco ella comenzó a hablarle a su hijo acerca de su Señor Jesucristo, como nació milagrosamente de una virgen y lo clavaron en una cruz para salvar a todos los que creyeran en ÉL. Mientras seguía hablando con su hijo mayor, comenzó a sollozar. Ahora era ella la que no podía continuar. Sentía el dolor de que nunca le hablo a su hijo acerca de Jesucristo, por temor a que su destino fuera como el de su amigo. Además, sentía el gozo abrumador de saber que Dios no había olvidado a su hijo, sino que permitió que otra persona lo llevara al evangelio.

Dios permitió que fueras testigo del martirio de uno de sus valientes hijos. Mientras esas balas atravesaban su corazón, una semilla de esperanza se plantaba en el tuyo – le dijo al final.

El hijo oro esa noche y recibió a Jesucristo en su corazón. Estaba lleno de gozo mientras abrazaba a su madre y le daba las gracias por decirle la verdad. Sin embargo, de repente comenzó a llorar de nuevo y pareció turbado. Confundida, la madre preguntó:

¿Ahora qué pasa?

Mis hermanos- grito Kim-, no conocen a Jesús. ¡Debemos hablarles! Pronto llegaron sus tres hermanos a casa y descubrieron a su hermano mayor y a su madre llorando juntos. Lo primero que pensaron era que algo terrible le había ocurrido a su padre y enseguida se arrodillaron junto a su madre, preguntándole que había pasado.

Con una valentía poco común en su hermano mayor se puso de pie y respondió:

Ustedes también deben recibir a Jesucristo.

Antes de que la tarde hubiera terminado, los tres hicieron exactamente eso.

La madre estaba llena de gozo. Aunque nunca les habló a sus hijos acerca de su fe cristiana, todos los días oraba con diligencia por ellos. Ahora que sus tres hijos habían aceptado a Jesús, comenzó a buscar con cautela una biblia de modo que ellos aprendieran más de la palabra de Dios. Sin embargo, no encontró ninguna.´

Por último, su hijo mayor cruzo en secreto el río Yalu para entrar en la China en busca de biblias. Ya puedes imaginar el aspecto de su rostro cuando al final se encontró con una biblia en miniatura en idioma coreano. Les rogaba a unos cristianos en China, preguntándoles cómo podía obtener algunas de esas biblias. Era lamentable, pero no había más disponibles. Negado a admitir la derrota, les conto a los cristianos la dramática historia de cómo había presenciado la muerte de su amigo y como él y sus hermanos aprendieron de Jesucristo. Antes de partir para Corea del Norte, dijo: “Necesito cinco mil de estas biblias para compartirlas con mi familia y otros en corea del norte. Regresare en un mes para recogerlas”.

Después de escuchar la petición, algunos obreros cristianos imprimieron rápidamente cinco mil ejemplares de las Biblias en miniatura en coreano. Más o menos al año siguiente, Kim volvió en varias ocasiones para pasar de contrabando las biblias por la frontera. Ahora sus cuatro hermanos están testificando activamente de su fe, sabiendo de primera mano que si los descubren. Desde su última recogida de biblias hace algunos meses, nadie ha vuelto a tener noticias de ellos.

Bibliografía: Historias de la Voz de los Mártires

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